martes, 7 de julio de 2015

Mis melancolías

Y me lleve mis melancolías a viajar, las regué con litros de agua, vino y café, trate de dejarlas en ríos y mares, las limpié con arena de varias playas, camine horas enteras al sol esperando que se evaporarán o al menos que cogieran otro color, en cientos de ojos de bellas viajeras trate de depositarlas, en hoteles sin estrellas las deje bajo la cama, pero ellas tercas decidieron que debían seguir adentro, en mi corazón para hacer parte de mi equipaje, de mi ser,de mi impronta.

Viviré con ellas y las abrazaré hasta que el corazón sane, y se que sanará tarde o temprano en un atardecer seguramente o en un suspiro largo algún día serán un recuerdo borroso, y dejarán de pesar, pasarán como todo pasa. Y que si toca sudar se suda y si toca llorar se llora, si uno sigue caminando las dos cosas terminan por secarse.

viernes, 29 de mayo de 2015

Medianoche en Sevilla

Caminar solo recorriendo callesitas oscuras y sinuosas

Perder el miedo a la noche, a recorrerla despacio en su sensualidad

El bullicio conforta, donde hay vida hay esperanza, esperanza de vida, luz en la noche sin sombras, los soles brillando mas fuerte que nunca

El norte se desvanece y gira la brújula despacio, a veces rápido , a veces estática decidiendo que camino afrontar
Oscuras callesitas, parques con niños sonriendo y padres tranquilos
Hablan de crisis y no saben lo que es el miedo, hablan de problemas y no saben lo que es la guerra del centavo, hablan de incertidumbre y no saben lo que es abrazarla todos los días

Brillan las callesitas, yo camino despacio, sin mirar atrás, ya no hay necesidad, brillan los soles más fuerte que nunca.

Medianoche en Sevilla

miércoles, 13 de mayo de 2015

de los amores platónicos y los enamoradizos

Samuel logró culminar su adolescencia pasando por encima de sus propias expectativas, siempre pensó que el corazón se le reventaría en el pecho de puro amor, era incapaz de pasar una semana sin enamorarse perdidamente, como en los cuentos antiguos y en las novelas de las 4 de la tarde.

Un pan de mil y una de leche deslactosada pa  tu viejo que le hace daño de la otra, y no te vas a quedar por ahí jugando con esos marihuaneros culisecos de tus amigos

si má...

Mano al bolsillo, la plata apretada, pasadita por el espejo, el pelo parado adecuadamente, un puto grano que se negaba a salir o a meterse o a algo... solo se quedo allí enrojeciéndose infinitamente...

Caminó despacio buscando en el piso razones para no mirar ese balcón, su amor infinito - que le duraba como una semana - no le respondía los mensajes del celular desde hacia dos días, algo le decía en su corazón que una vez más se quedaría esperando.

Ya iba llegando al parque que tenía que atravesar para llegar a la panadería del paisa, y entonces la vio... ella estaba ahí sentada con el Pájaro, así le decían porque se las comia y salía volando, se llenó de valor apretó la plata que tenía en el bolsillo como si fuera un arma letal.

La noche más linda del mundooo la he pasado yo contigo, que noooche que noooooche ... cantaba el equipo de la vecina, y el Pájaro ahí con las manos en esa carita hermosa, delicada, blanca como decián que era la nieve, que lo acompañó tantas noches... obviamente sin que ella supiera.

La leche, el pan de mil, el Pájaro, la niña ... se acercó mientras ella lo miraba y sonreía, y las manos le sudaban, ella era su amor infinito, quería dedicarle todas las canciones de la radio y llenarle el chat de corazoncitos... ella lo sabia, cierto?

Pasó despacito mientras escuchaba a lo lejos que el Pájaro y ella reían como siempre hacen los novios, mientras tanto Samuel llegaba a la panadería del paisa mirando al piso, buscando los pedazos de esperanza y de amor infinito que se le habían caído en el camino.

Un pan de mil y una leche deslactosada

De cuánto el pan?

De mil!! dijo Samuel enojado mientras levantaba la mirada y veía como una rubia de ojos verdes oscuros lo miraba fijamente, era la hija del paisa de quien le habían hablado sus amigos.... las manos sudaron otra vez, el corazón le latía en las orejas, sintió como el rojo se le subía a la cara, más sudor .... el grano marica, el grano...

La rubia sonreía y le preguntaba

DE CUANTO EL PAN!!!

Le gustó verla brava y el huequito que se le hacia en el cachete....

Esa tarde Samuel conseguiría el télefono de la paisita y le mandaría un corazoncito por chat, al fin había encontrado su amor infinito, todo cobraba sentido nuevamente.



sábado, 2 de mayo de 2015

El gigante

Nado, chapuceo, braceo, respirar fuera no dentro, algo suena, duele un poco, sonó como a los aplausos de veinte cumpleaños al mismo tiempo, descanso.

El agua me lleva, las nubes arriba van a su propio ritmo, les importamos tan poco, pero tan poco, que tratan de pasar rápido como cuando te encontrás a tu ex en el supermercado, saludá, parecé digno, tratá de brillar,  sonreí, que parezca que pensás en la compra de la semana, las nubes van pasando, todo pasa como los mercados de la plaza, otra nube llega, más densa, mas lenta.

En las nubes la cabeza de un gigante flota mirando su propio cielo, más grande que el mio pero igual de indiferente; debe cuidarse de no tragar nubes, como yo me cuido del agua, al cielo regalamos miradas largas como decía Celia, enviamos oraciones y a nuestros seres más queridos. Que tal que el gigante se tragara alguna plegaria indiscreta, algún reclamo de amor, que pena con el gigante.

El agua me lleva, el agua limpia y purifica, las nubes llenan el cielo buscando su camino, el gigante ya no está, las plegarias se han salvado.

Nado, chapuceo, braceo, respirar fuera no dentro.

martes, 28 de abril de 2015

la insensatez constructiva, una forma de vivir a los 40

Me llamo Samuel , tengo 40 años y al fin puedo darme cuenta que ser tan cuerdo, de buen juicio y prudente no lleva a ninguna parte.

Este fue el final de un día extraño para Samuel quien había jurado ser sensato hasta el último momento de su vida,  en cada uno de sus actos, claro está que cuando lo juró tenía al frente a su padre con una gran correa de cuero negro, muy antigua ella, enroscada en su mano derecha, mientras la apretaba a tal punto que sus nudillos se blanqueaban.

Samuel había perdido 4 materias en el colegio y su padre se encargaría a punta de correazos que eso no volviera a pasar; lo que nadie le preguntó al niño era la razón por la que las había perdido, como siempre el culpable era el corazón; su nombre Dana, acababa de retirarse del colegio porque a su padre lo acababan de trasladar de ciudad en la empresa y todo el mundo sabe que los niños son el equipaje de mano de los papas.

Samuel perdió todo contacto con la realidad cuando la vio por primera vez en el patio del colegio, sonriendo por los ojos y él por supuesto asumió la estrategia usual que aplicaba cuando una niña le gustaba, sentarse en un banco a la sombra para poder verla sin insolarse. Las materias pasaron a segundo plano, los juegos también solo lo motivaba llegar todos los días a verla; un día por fin sacó fuerzas para hablarle y se paro del banquito, se fue lentamente hacia ella, la saludó interrumpiendo su charla con las amiguitas de siempre, Dana volteó a ver a Samuel y lo saludo como se saluda a los muebles al entrar a una casa conocida -suponiendo que a los muebles les importara el saludo por supuesto- Samuel sintió como las palabras se le iban apelmazando en la garganta, se colaban por sus dientes y lengua y de pronto sin saber ni como ni cuando le dijo a ella,

Querés un heladito?

Que hicieron las amigas? Que hacen las amigas en esos casos? Eso, reirse.... cuchichear y reirse mientras Dana contenía una risita chiquita y afilada con la palma de la mano y pronunciaba la sentencia que regiría a Samuel el resto de su vida.... bueno hasta los 40 años cuando en la reunión de la Asociación de Insensatos Anónimos pudiera dejar salir su maldición.

- Sammy mi mamá me dijo que no le recibiera heladitos a nadie y yo soy muy sensata, chao que sonó el timbre.

Samuel, arrastró su cuerpo centímetro a centímetro, baldosa a baldosa mientras llegaba al estrecho salón, respirar era difícil, cambiar la expresión era algo a lo que no se arriesgaría, le daba miedo parpadear; su pequeño mundo había terminado.... no sabía que quería decir ser sensato, se sentó despacio busco en su pequeño Larousse ilustrado y vio que significaba: Cuerdo, de buen juicio, prudente   ese día juró que su vida se regiría por esos tres pilares fundamentales.

De tanto tratar y tratar, pensar en Dana y repetirse Samuel descuidó sus estudios y algo de su vida por supuesto.

Cuando cumplió 40 años abrió los ojos y se dio cuenta que el mapa que cuidadosamente había trazado alrededor de su vida, estaba emborronado como si algún ángel hubiera tratado de corregir un renglón mal escrito. Caminó por todas las calles del pueblo tratando de encontrar el norte que se le había embolatado esa noche y nada.... ese día terminó y Samuel estaba como un cuaderno la primera semana de clases, en blanco.

Cada vez que veía a Dana en el salón, una izada de bandera, un paseo o simplemente en el recreo recordaba que él no era lo suficientemente sensato para ella y así cada día se esforzaba por ser más cuerdo, más prudente y de buen juicio; hasta que una tarde como a las cinco y media cuando pasan las parejitas de loros haciendo bulla, Samuel buscó a Dana en la biblioteca a donde ella iba y nada, en la esquina de la panadería con las mellizas, y nada, al otro día en el colegio preguntó por ella y le dijeron que se había ido de la ciudad porque a su padre lo habían trasladado y como todos sabemos ella era parte de su equipaje.

Samuel sufrió, ya tenia 17 años y había dedicado su vida a ser sensato y a observar a Dana estudiando hasta su mas pequeño gesto, y ahora con su padre al frente y la correa enroscada como la serpiente del Paraíso juró ser Sensato con toda su alma para que no volviera a sufrir su corazón.


La noche terminó con Samuel regresando a casa a rebuscar en todos los cajones a ver si aparecía su vida tal y como la conocía pero nada, le preguntó a gritos a la señora del aseo que iba los martes y jueves, pero nada... se había esfumado mientras el dormía.
Se miró al espejo y veía al hombre sensato de siempre, cuerdo, prudente y de buen juicio, peinado hacia la derecha con el pelo solo un poco desordenado, decidió llamar a todos sus amigos de pronto había dejado sus sueños en la casa de alguien o alguno los había cogido prestados, eso pasaba a veces pero para eso son los amigos para prestarse los sueños, y nada de nada.... nadie daba razón.

Ya no se sentía tan cuerdo, su buen juicio se fue pal carajo cuando había reventado a patadas - bueno o al menos lo intentó muy varonilmente - el cajero automático buscando un poco de saldo de ese tesoro que era su inteligencia, ni un peso, nada.... Eso era su vida una gran nada oscura y poco confortable. Fue a caminar, ya era tarde y bajando por la panadería del barrio vio el aviso en la puerta Asociación de Insensatos Anónimos, le sonó lógico lo de la Insensatez (un poco dramático pero estaba bien)... su sensatez lo había llevado hasta ese cruce de caminos donde la nada era su compañera.

Entró, le tocó el turno

Me llamo Samuel , tengo 40 años y al fin puedo darme cuenta que ser tan cuerdo, de buen juicio y prudente no lleva a ninguna parte, a partir de ahora soy un insensato y viviré cada día como si estuviera escrito en un libro viejo y sucio que mañana voy a morir mientras desayuno.

Construir la insensatez como un deber de vida es el norte que todos añoramos tener, no solo a los 40  o a los 30 o a los 20, justo desde el momento en que creímos que ser Sensatos nos llevaría al paraíso prometido comenzamos a fallar, ser insensato no es ser irresponsable, es vivir y vivir y vivir porque el libro viejo y sucio llamado vida se escribe todos los días una palabra a la vez.




miércoles, 22 de abril de 2015

¡La vida es bailar!



a que no pueden quedarse quietos viendo a Christopher Walken en este compilado del Huffington Post...

Feliz día

jueves, 16 de abril de 2015

Alas de Ángel

149 centímetros, 48 kilogramos, cabello negro ondulado que cae en grupos perfectamente coordinados sobres sus hombros. De sus finos rasgos se cuelgan como avisos de neón rompiendo la noche, unos anteojos diseñados en algún estudio de Milán o  New York; pequeños zapatos blancos enmarcan sus finos tobillos, casi siempre enfundada en costosos jeans de alguna marca extranjera. Día a día en su escritorio se acumulan ordenes de producción, post its pegados ordenadamente a la pantalla de su computador donde comparten territorio con un Jardín Zen y cotizaciones de nuevos proveedores que tratan de convencerla de las bondades de un nuevo producto publicitario; su trabajo gira entre la atención al cliente y el manejo de proveedores. Ella es Juliana nuestra Ejecutiva.
Viernes 4:30 pm, temperatura externa en Cali 39°C, temperatura en la Agencia 22°C, temperatura espiritual de Juliana 42°C. Tres llamadas perdidas en su celular, ya lleva dos días sin hablar con su querida hermana, el proveedor a quien está tratando de localizar desde las 11 am no contesta, ahora apago el celular, su cliente estrella le ha escrito muchos mails y ha llamado innumerables veces ( cada 7.5 minutos ) para saber que pasa con su trabajo impreso que estaba presupuestado para entregarse a las 2:00 pm.
Juliana suda, toma tinto, juega con su jardín Zen, chatea con su mejor amigo en Buenos Aires, y trata de calmarse … pero no funciona. Lentamente se incorpora de su asiento y lleva su menudo y estilizado cuerpo desde su cubículo hasta la cafetera quedando expuesta a la vista de todos en la Agencia, se detuvo a mitad de camino y cayó al piso doblando sus rodillas como un penitente rumbo a Buga en Semana Santa. Un grito desgarró la tarde de concentración de los creativos, la secretaría de gerencia miró por encima de sus lentes y detuvo su taza en aire, ese te verde podía esperar un minuto más.
Nuestra ejecutiva seguía gritando, quienes estaban aun congelados en sus puestos comenzaron a acercarse y escucharon de sus finos labios un murmullo que helo la sangre de quienes estaban más cerca “no más cambios, no más correcciones, no más opiniones”, esa letanía se repetía en un tono que cambiaba de tonos altos a tonos guturales inexplicables para ese cuerpo tan delicado.
Sorprendentemente de su fina espalda, atravesando su blusa en seda comenzaron a desgarrar la tela dos puntas que fueron emergiendo como puntas de iceberg buscando la proa del Titanic. La secretaria de la gerencia buscó instintivamente su camándula escondida entre su profundo escote mientras recordaba que esa mañana no había tomado su pastilla para adelgazar, Anita la nueva creativa llevo compulsivamente su pulgar a la boca mientras se trataba de esconder con el espaldar de su asiento.
Juliana seguía murmurando mientras de su espalda nacían destrozando carne y tela, dos alas oscuras revestidas de escamas negras brillantes. Las alas se extendieron rompiendo lámparas y derribando impresoras, Juliana ya no existía, de su rostro angelical y rastros modelados en porcelana poco quedaba. Con sus últimos trazos de humanidad, la que era Juliana elevo sus ojos al cielo y grito mientras su cuerpo se elevaba “ no mas cambios, no más correcciones, no más opiniones”.

Fin

Nuestro trabajo cotidiano implica la interacción entre proveedores y clientes, estos últimos muchas veces no entienden que cada cambio implica horas de trabajo, dedicación, inspiración e investigación. En ese punto se genera una relación de amor-odio con nuestros clientes cada vez que piden un cambio que no entendemos o no compartimos, o tal vez cuando exigen un replanteamiento de la campaña en contra de nuestros análisis e instintos.
Nuestros más bajos sentimientos fluyen de manera natural emanando una ola de energía similar a la que brotaba de las manos de Goku en Dragon Ball Z.
Vemos y oímos a nuestros amigos ejecutivos (as) de cuenta expresar el odio hacia sus clientes y al mismo tiempo el afecto y agradecimiento por cada pedido firmado, pero tal vez las cosas serían diferentes si nuestros clientes visitaran de vez en cuando a un proveedor o se sentaran con los diseñadores a verlos trabajar y sufrir. Solo de esta manera podrían sentir el acelere y la adrenalina cuando una tinta no funciona bien o cuando una plancha sale mal. Debemos entonces, además de atender a nuestros clientes y venderles estrategias e ideas, capacitarlos sobre los procesos técnicos y el papel del azar humano.
Ni que decir de los cambios en lo gráfico o en lo estético, un cliente que exige que se represente la marca de otra manera o con otra sonrisa o con una melodía más “tropicalonga”, está pidiendo más que un cambio de trazos o de notas, está pidiendo que el diseñador o músico entierre en el olvido a su pequeña obra de arte dándole mas “golpe” o cambiando la expresión por algo mas o menos gracioso.
El llamado, estimados (as) colegas, es entonces a jugar dominó o golf,  practicar Tai Chi o Yoga para así poder entender que nuestros clientes también tienen jefes y a ellos también le salen alas cada vez que su agencia les pide “ un día más para la entrega del arte”

A veces el mejor camino es pararse en los zapatos del otro y tratar de entender sus angustias, ellos también son seres humanos.