miércoles, 20 de febrero de 2019

siempre

Hay días que son especialmente oscuros, densos
esos días se van convirtiendo en semanas, meses y a veces vidas enteras

Hay sonrisas que te iluminan el camino
a veces despejan nubes oscuras y te dan, sin saberlo, nuevas fuerzas para seguir

Hay personas que aparecen en tu camino y con un café y un par de sonrisas te llenan
así sean efímeras, esquivas y etéreas vale la pena degustar esos pocos segundos
quedarse con el sabor de su mirada en tu boca

Hay ojos que te miran tan profundamente que sabés que están viendo tus vidas pasadas
te miran sin mirar, sin saber que ven pero te recorren el árbol genealógico completo

Hay caminos tan llenos de oscuridad que solo te permiten recordar que la luz sos vos
que cada sueño que te vas armando es un paso más para que la noche termine

siempre termina la noche, siempre sale el sol, en alguna parte

viernes, 1 de febrero de 2019

¿Arrechón o tumbacatre amigo?


¿Arrechón o tumbacatre amigo?    Expresiones fuera de contexto que podrían ser tomadas como una oda a la masculinidad de quien recibe en su mano una pequeña copa con el jugo de la selva, más duro en esta copa o más dulce en la otra, para quienes tenemos el placer de hacer parte de esta generación en Cali, esa pregunta solo quiere decir que estamos en el Petronio, mirando aquí y allá las negras con sus cuerpos deslumbrantes, sus sonrisas cálidas y las mayores con los ojos apagados llenos de historias algunas tristes y otras pícaras, poseedoras de una sabiduría que huele a selva y sabe a matas dulces. Que si la artesanía es bonita, que si la comida es exquisita no es un tema a debatir, que la marimba repica y se mete en la sangre con tal fuerza que es imposible no moverse, aún a sabiendas que no tenés ni el 5% del ritmo de tu vecino, pero a él tampoco le importa.

Llegando a las canchas Panamericanas ríos de gente se encargan de llevar al blanco más nórdico o al negro más negro a un solo espacio donde más de 120.000 personas agitan un pañuelo, traído o comprado, sin importar la melanina o la procedencia, solo nos une el amor por la música del pacifico y la rumba que alrededor se da. Pasa el vichero, pasa el policía correteando al vichero por no tener autorización (cosas de la oficialización del conocimiento ancestral), pasa la negra inmensa, sonriente con la europea flaquita quien con grandes esfuerzos logra sostener el pantalón en la cadera casi etérea, mientras tanto la negra lucha por lo mismo, sostener el pantalón en la cadera casi eterna.

El negro pasa y sonríe, se coge las huevas mientras rie, solo lo entiende quien se rie con los ojos y desde abajo, muy abajo. –Ve tenés viche? A como? Tiráte la pruebita pues! Y uno con delicadeza se las da de catador mientras solo espera el pringonazo en la sangre, si pringa mucho no aguanta, pero si pringa poquito tampoco entonces se mira uno con quien lo acompaña y asiente con la cabeza como confirmando que la cepa, el bouquet y el origen son el adecuado para el maridaje. Uno no sabe nada del Viche, llegado de la selva a la ciudad con la misma fuerza de la marimba de chonta que nos traspasa el corazón, pero igual deja que por unos momentos lo llene de sabores, a unos les gusta más dulce a otros con leche y cremoso pero lo importante es que se comparte en copitas chiquitas para que dure más quizás, es que el Petronio con amigos sabe más sabroso.

Caraaaaajo es el grito de guerra que anuncia que el Petronio termina por esa noche, se lanza un tamborero con sombrero de paja cantando cualquier cosa que todos sabemos, y la gente salta alrededor del tamborero tratando de sacarle el ultimo jugo a la noche y unos gritan sin saber que la noche no termina, se abrazan a su canequita de viche haciéndola rendir otro poquito y la noche avanza un poco
más. A la salida las mazorcas y los chuzos hacen su agosto, se venden se consumen, se comparten mientras los pies cansados se arrastran hacia una ciudad que devoró a una etnia hace ya cientos de años; - y cómo es? Donde rematamos? Pa´ donde vamos preguntaron los amigos mientras comían choclo de dudosa procedencia y cooooomo! pues que nos fuimos para la Calle del Pecado, para nosotros era casi un mito urbano que algunos decían haber visitado, vivido y bebido pero en todas las versiones anteriores del Petronio no habíamos podido visitar.
Tomamos rumbo al centro de Cali, pasan putas, pasan tombos, pasan carros, pasa gente sonriendo ampliamente, pasa el loco, pasa el trapito –venga mono parquielo aquí mijo que queda bien cuidadito – dejamos el carrito ahí, solito, con la bendición y la barra roja que le da a uno un poco más de tranquilidad que la sonrisa a pedazos del trapito, quizás alguna vez fue una sonrisa plena pero ahora solo sonríe por partes.

Vamos entrando a la calle convenientemente cerrado por una valla policial, es curioso como la norma convive con lo subterráneo y, según dicen lo asiduos, lo convierte en un chicle viejo y sin azúcar.
Multitud de gente, olores y colores, la sexualidad aflora a cada paso, el humo del chuzo de mil se confunde con la dulce bareta mientras las putas, putos realmente, se arreglan las tetas de mentiras y las medias de malla roja; el campanero toca la campana mientras avanza un punketo mirando con rabia a los que se atreven a mirarle a los ojos, niñas lindas, niños bien, burgueses bohemios que descubrieron el placer de vivir la movida subterránea solo bajándose de su automóvil con aire acondicionado. Niñas lindas que se funden en besos largos como sus dedos que se dedican a explorar sus irreverencias mientras ojos grandes de hombres hambrientos de noche las despiezan buscando que la textura vista se convirtiera en la textura sentida. Todos al tiempo, todos caminan y atropellan, todos se mueven como un solo cuerpo, en el oído derecho retumba la marimba y el cununo, en el izquierdo el Rey de la Puntualidad sigue cantando “que viva mi gente”.
Un viejo en la esquina vende cerveza fría para tanta calentura, puchos para tacar y rellenar, papitas fritas bullosas como las almas que allí se encuentran pecando, gozando, saltando y disfrutando sentir al otro ahí pegado unidos solo por el Petronio, por la gozadera, por el viche frio que baja caliente, por el arrechón de esquina y el tumbacatre profundo. Una noche que termina un año después, cuando volvemos a ser pacifico y a dejar que se ponga de moda el negro que la sociedad excluye y mira de lado, mientras tanto guardamos las fotos y los olores de una rumba que aún guarda el sabor de la Cali que añoramos y recordamos.

Esas no son penas

Dejá la luz fluir como el viento entre los arboles
Dejá que el tiempo haga lo suyo
Vos viví,
       a eso viniste
Vos reí fuerte
       como si nadie te escuchara
Caminá caminos nuevos mientras todos van en círculos viciosos
Respirá profundo
Dejá que lo que vaya a pasar pase y bailá al ritmo de esa música

A veces no es fácil entender la melodía,
    no siempre estamos con ganas de movernos
Finalmente algún día veremos que la música suena dentro y que no escogemos conscientemente la canción

Dejar fluir, dejar ser, dejar que resuene dicen los hippies post modernos
como si fuera tan fácil acallar las antiguas voces que claman estabilidad mental
Dejar que llegue, vivir lento

Retos pequeños y cotidianos

Un café cargado y sin azúcar al amanecer mientras el sol rompe la noche será siempre la comunión más sagrada.

viernes, 25 de enero de 2019

Flores en el piso

Flores en el piso
Ya no están en el cabello

La libertad de Haight-Ashbury ahora son sueños rotos,
sueños digitales.

Una generación que ya no lucha y otra que lucha detrás de una pantalla

Copos de nieve que se derriten en palabras

Luces que parpadean como señal de amores líquidos

Nada pesa todo es pasajero

La vida sigue sin poetas ni canciones

Flores al sol, ya resecas y moribundas

Promesas que murieron un verano del 68, hoy suenan a cantos de cisne, plegarias a dioses antiguos ya olvidados

El sueño ha muerto, ya es hora de nuevos sueños.

jueves, 24 de enero de 2019

Busiraco

Y dice la leyenda que Busiraco, un demonio de baja categoría, escupió lenguas de fuego sobre los habitantes de la pequeña aldea como castigo por olvidar la importancia de escoger un buen líder.... Ardaaaaaan!!!! Ardaaaaaan se escuchaba a lo lejos


Resiliencia

Y el sol, terco, cada día sale sin importarle la oscuridad de la noche.


sábado, 19 de enero de 2019

Melancolía, vieja amante.

Quienes escriben de nostalgia y melancolía conocen de memoria el sabor de una mirada no correspondida
de una soledad acompañada
de un café que se tornó frío esperando la promesa no cumplida

La nostalgia, dejáme aclararlo, no es lo mismo que la melancolía, lo dude por años sin saber que era lo que extrañaba realmente y negando ese amarga sensación que subía por la espalda de cuando en vez aún estando enamorado hasta los huesos, como suelo hacerlo.

La nostalgia implica extrañar un suceso, espacio o persona que ya pasó por nuestras vidas, un retazo de recuerdo que, habitualmente, romantizamos y optamos por filtrar dejando solo lo positivo... pero la melancolía es un pequeño cabroncito que se acerca sigiloso escondido en los atardeceres y te quita la sonrisa sin razón alguna...

¿Cómo explicar algo que solo se acerque por detrás y te quite el aire? No lo se.
Pero, sabés que?  no es depresión, incluso a veces es una delicia dejar que un café caliente golpeé ese ensimismamiento estúpido, esa escarbadera en la memoria buscando motivos para estar triste, al terminar el café y la melancolía con él sentimos que se hizo una catarsis pequeña, un pequeño triunfo salir en una pieza de esa batalla, dejar sentado al pequeño cabrón en una esquina con la mirada perdida y la toalla al cuello.

No, la melancolía no es tristeza, es un ensoñamiento que te lleva a caminar mil calles sin rumbo alguno solo respirando y viendo el cielo...

No, la melancolía no es amargura, es solo un espacio intimo y personal donde resguardarnos de las falsas alegrías que a veces nos impone la sociedad.

No, la melancolía no es mala, pero nos obliga a ser consientes de nuestros lados y horas grises. Sin reproches, sin señalamientos, sin satanizar la oscuridad.

Bienvenida la melancolía de paso, cuando se siente cómoda y quiere quedarse a vivir mucho tiempo, vale la pena llevarla a pasear y dejarla amarrada a algún árbol con buena vista, ya la adoptará alguien con mucho rosa en sus recuerdos y una sonrisa lista para la selfie.

Si te encontrás a alguien en el camino con la mirada en alguna nebulosa y la sonrisa embolatada, respira a su lado y acompañále a tomar café caliente, comer un pan tibio con mantequilla derretida, no preguntés, no te preocupés es solo una nube tapando el sol... no es para siempre, nada lo es.